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La España republicana: Imágenes de tragedia y conmiseración |
Spanish Translation (Mexican) of Republican Spain: Images of tragedy and compassion
The translation is courtesy of Rogelio Villarreal
El 2007 marca el septuagésimo aniversario de la muerte de Gerda Pohorylle. Siendo una joven socialista e idealista abandonó su patria, Alemania, y encaminó sus pasos hacia Francia, llegando a la capital en 1934. Ahà cambió su nombre por el de Gerda Taro y fue la causa de que un joven fotógrafo originario de Bohemia se convirtiera en uno de los más grandes fotoperiodistas en la historia de la recabación de noticias.
Robert Capa, verdadero nombre de Endre Friedmann, refugiado de la HungrÃa de la época del almirante Horthy, conoció a Taro en ParÃs el otoño de 1934. La atracción mutua fue inmediata y en ese momento se hicieron amantes, camaradas y conspiradores.Al aparecer Friedmann, Taro se puso a trabajar, convenciéndolo de que abandonara su desgarrada chamarra de cuero por un traje, con camisa y corbata, que le daba una apariencia respetable al ocultar sus fuertes rasgos gitanos. Una vez efectuada la trasformación, lo envió de vuelta a las calles, con la cámara en la mano.
 Gerda Taro y Robert Capa
Para completar la ilusión y para disparar el precio de las fotos de Friedmann, la pareja se inventó al personaje de Robert Capa, un rico, exitoso e imaginario fotógrafo estadounidense.La estratagema funcionó bien, con Friedmann peinando las calles de ParÃs en búsqueda de imágenes redituables y Taro tratando de obtener precios estratosféricos de los fotógrafos de las agencias de noticias. El fraude acabó descubriéndose y a Friedmann no le quedó otra que adoptar el disfraz de Robert Capa.
La leyenda tuvo su propio impulso y estuvo en vigencia entre las anécdotas humorÃsticas, de valor y de fotografÃa evocadora. Capa captó la esencia del conflicto, no las imágenes de sangre y entrañas que sólo sirven para asustar, sino más bien la expresión facial de los paÃses en guerra, las siluetas y los sonidos de quienes sufren, que expresan aquellos que padecen mayormente, la población civil y los soldados rasos.
En 1936 Taro y Capa fueron a cubrir la Guerra Civil española. Taro era ya toda una fotoperiodista y procuraba hacer que publicaran sus fotos bajo su propia firma. Los dos eran rabiosamente antifascistas y estaban decididos a aplicar sus capacidades periodÃsticas en favor de la causa de la República española.
Los últimos dÃas de agosto de 1936 Capa y Taro llegaron al frente, ubicado al oriente de Córdoba. Hubo un respiro en la lucha y Capa, a toda velocidad, puso en escena distintas fotografÃas. Estaba ansioso por mostrar imágenes de los progresos republicanos, pero estas fotografÃas carecÃan de fuerza de convencimiento y no lograron engañar a nadie. No obstante, una que realizó en Cerro Muriano sà la tuvo, la famosa foto de El soldado caÃdo, cuya autenticidad ha sido puesta en duda por decenios.
El 5 de septiembre Capa retrató a un miembro de la milicia anarcosindicalista, CNT, mostrando su caÃda como derribado por una bala. El fotógrafo causó sensación al publicarla y gran controversia desde entonces. Existe duda si Capa y Taro estuvieron en Cerro Muriano por aquellas fechas, a la vez que los expertos de campo han señalado a Federico Borrell GarcÃa como el miliciano moribundo.
Para algunas fotografÃas de esta secuencia se preparó en verdad el escenario, pues otro cuadro muestra a un miliciano derribado distinto, exactamente en el mismo lugar que El soldado caÃdo. ¿Pura coincidencia? Capa usaba una antigua Leica, probablemente una III o una IIIa, una cámara bastante manual pero que requerÃa aparte de un exposÃmetro. Si uno intentaba hacer una fotografÃa cuyo escenario hubiera sido predispuesto para esa cámara, parecerÃa lógico ajustar la apertura del diafragma y la velocidad del disparador a una luz determinada y sólo después hacer venir a los actores.
Se ha discutido la vida Ãntima de Capa tanto como sus fotografÃas. Rara vez lo volvÃan a invitar a una casa de visita; con una vez era más que suficiente. Hubiera pedido dinero, cigarrillos, alcohol y, si pudiera salirse con la suya, hasta la mujer del anfitrión. Durante la época en que se quedó a cargo de la agencia Magnum en ParÃs se gastó el salario de los corresponsales asignados.
Vivió en hoteles, bebiendo y apostando hasta altas horas de la noche; si necesitaba compañÃa femenina, estaba dispuesto a pagar. Muchas de sus anécdotas eran subidas de tono, a decir lo menos; para curarse las crudas se metÃa por horas al baño, al baño de quien fuera.Asà era el carácter de este hombre. Aunque también era sumamente generoso; si tenÃa dinero todos comÃan y bebÃan hasta que el efectivo se acabara. Pasaba horas con los jóvenes reclutas en la agencia Magnum, enseñándoles el oficio. Pero su cualidad más alta era la conmiseración.Esta conmiseración se hacÃa evidente en su convivencia con los demás, manifestándose en las imágenes captadas.
¿PodrÃamos perdonar sus defectos de carácter?
No conocemos todos los acontecimientos que conformaron su vida, tampoco tendrÃamos por qué, ya que no tienen nada que ver con nosotros. Sabemos que Capa nunca se perdonó por no haber estado en ParÃs al momento de morir Taro, arrollada por un tanque durante el motÃn republicano en Brunete, sin haber siquiera completado sus 26 años.
Capa legó sus fotografÃas al mundo, ¿podrÃamos limitarnos a juzgarlo por éstas?En el Museo Nacional Centro de Arte Reina SofÃa se encuentran archivadas las tomas fotográficas que Capa realizara de la Guerra. En estas imágenes vemos una fuerza como en ningunas otras, reflejada en las caras de aquellos hombres y mujeres de Montblanch mientras miraban la salida de las Brigadas internacionales. Recorremos el mÃsero camino de Málaga a AlmerÃa con los hoyos dejados por las bombas o bien compartimos el horror ante la retirada de los civiles en Cerro Muriano.
En estas imágenes en blanco y negro vemos a la Madre y la Hija corriendo en Bilbao buscando refugio durante un ataque aéreo, sus asustados rostros contrahechos, con sus abrigos apretados, vuelven a la vida ante nosotros. Se puede caminar entre las ruinas de Madrid, en Ciudad crucificada, o compartir las risas de los milicianos y las mujeres en un rato de esparcimiento en Barcelona.
De Bilbao a AlmerÃa Capa captó las emociones del paÃs, no los grandes acontecimientos ni a los influyentes hombres de Estado, sino a quien realmente importa, la gente común y corriente.
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